viernes, 17 de marzo de 2017

Derek Walcott & César Vallejo

Cesar Vallejo y Derek Walcott
Por: Miguel Ildefonso
Apolo, 29 de enero, 2004
"Y quizás, maestro, muy temprano percibiste
lo que significa la hermandad en una prole de esclavos
pugnando por un viaje de retorno a media travesía,
escupiendo a sus propios poetas,
prefiriendo alcohólicos a sus pintores,
para su solemne catálogo de suicidas,
mientras más me acercaba a tu soledad, César Vallejo,
y a tus jueves de aguaceros."
Estos versos pertenecen al libro Another Life (1973) de Derek Walcott, poeta de las Antillas de Barlovento, premio Nobel en 1992. Yo leí con admiración este poema dedicado a nuestro vate de Santiago de Chuco junto con otros del Nobel, de quien había leído poco anteriormente, que salieron publicados en la revista Hueso Húmero # 30 (1994). Lo poco que había leído de Walcott con anterioridad fueron los poemas y la entrevista que salieron por entregas en el diario La República en 1992 a raíz de su premio. Fue en 1997 que salió publicado un artículo del poeta Washington Delgado, en el Dominical del diario El Comercio; “El Nobel para Santa Lucía” se titulaba, y fue este texto tan sencillo y hondo (como el poema de Walcott que allí se analizaba) del autor de Muerte de Artidoro lo que despertó definitivamente toda mi atención para la deslumbrante poesía del antillano (en el año 2000 tuve la ocasión de hacérselo saber en persona al apreciado maestro y poeta, quien fue mi profesor en la Universidad católica). El poema que trataba Washington era La luz del mundo, perteneciente al libro The Arkansas Testament (1987). Lo que pude leer a continuación, un par de años después, fue Odiseos (por fin un libro entero) que me prestó un amigo, el poeta José Pancorvo. Fue acabando el milenio pasado que recién pude acceder a casi todo de Walcott, en la biblioteca de la Universidad de El Paso, Texas. Y no hace mucho _ y después de tiempo nuevamente dedicado a alimentar mi biblioteca _ pude conseguir el libro en el que está el poema que, a apenas conociéndolo en fragmentos, me había cautivado con tal fuerza como contados poemas lo pueden lograr.
Quien tiene esa capacidad de cautivarme con una obra completa es Vallejo. Tal vez el poema que más me gusta de él es uno que pertenece al conjunto que póstumamente titularon Poemas Humanos. Es el que inicia con "Me viene, hay días, una gana ubérrima, política...", un texto construido a partir de reiteraciones, enumeraciones y yuxtaposiciones de contrarios que expresan esa "gana ubérrima". El poema es muy conocido y ha sido estudiado reiteradas veces. El sentimiento de solidaridad, como lo afirma James Higgins, hace que Vallejo quiera "amar a todos los hombres, quieran o no. El suyo es un amor que abarca a todos _ los pobres, los débiles, los malos, hasta sus enemigos." Y más adelante: "Es el amor de un solo hombre pero abarca a toda la humanidad. Es parroquial en cuanto Vallejo ve el mundo como una sola comunidad grande en la que todos los hombres son sus vecinos. Es un amor que ignora las barreras de la moralidad."
El subconsciente debe ser un catálogo de imágenes que cargan conceptos, sentimientos; de olores que arrastran escenas, que guardan vida atravesando la última puerta de la memoria. A mí me pasa con frecuencia, que una canción nueva me llama la atención porque me remite a otra canción clásica, un fragmento por lo menos, o a veces una atmósfera tan solo. Y ocurre, además, que al recordar aquella canción clásica traiga al presente imágenes o escenas de mi pasado ligadas a esa música. Habiendo pasado el tiempo y olvidado el poema de Walcott dedicado a Vallejo, eso me pasó con el poema del Nobel, algo me hacía entrelazar estos dos poemas, La luz del Mundo y "Me vienen hay días...".
En palabras de Washington Delgado el poema de Walcott "desarrolla una anécdota banal: el viaje en autobús interurbano". El poeta está en aquel autobús camino al hotel donde se hospedará, pero el viaje resulta ser más que un simple tránsito interurbano: es el reencuentro con sus raíces, con su pueblo, y en ese estado de intensa comunión con el resto de pasajeros, gente humilde y al parecer en su mayoría de raza negra, trae a su especie de monólogo interior una serie de personajes femeninos, tanto los que están presentes (la muchacha negra con la que sueña que sea su mujer) como los del recuerdo (su madre). "Los temas y motivos poéticos en este libro de Walcott, decía Washington, son variadísimos: el amor, la soledad, los recuerdos, los paisajes y gentes de su tierra con sus problemas individuales y sociales, la antigüedad grecolatina, la Edad Media sajona, la cultura clásica francesa, la guerra de Secesión norteamericana, el racismo, la libertad." Casi todos esos temas están presentes en este poema efectivamente. Pero a lo que quiero acercarme en este texto es al amor que llega a sentir el poeta.
"Y yo les había abandonado, lo supe allí,
sentado en el autobús, en la media luz tranquila como el
mar,
con hombres inclinados sobre canoas, y las luces naranjas
de la punta de Vigie, negras barcas en el agua
yo, que nunca pude dar consistencia a mi sombra
para convertirlas en una de sus sombras, les había dejado su
tierra,
sus peleas de ron blanco y sus sacos de carbón,
su odio a los capataces, a toda autoridad.
Me sentía profundamente enamorado de la mujer junto a
La ventana."
La conciencia de su abandono (de su tierra, su raza, su lengua: el autoexilio), a raíz del maravilloso pasaje de la anciana con sombrero que sube al autobús, antecede al de su enamoramiento con la muchacha: "Quería marcharme a casa con ella aquella noche./ Quería que ella tuviera la llave de nuestra cabaña/ junto a la playa en Gros-Ilet; quería..." Y al final de la estrofa: "y decirle en silencio/ que su cabello era como el bosque de una colina en la/ noche,/ que un goteo de ríos recorría sus axilas,/ que le compraría Benin si así lo deseaba,/ y que jamás la dejaría en la tierra. Y decírselo también a los/ otros." Pero luego ese amor se extiende a todos: "Porque me embargaba un gran amor capaz de hacerme/ romper en llanto,/ y una pena que irritaba mis ojos como una ortiga,/temía ponerme a sollozar de repente/ en el transporte público con Marley sonando (...) Yo quería que el autobús/ siguiera su camino para siempre, que nadie se bajara/ y dijera buenas noches a la luz de los faros (...) quería que la belleza de ella/ penetrara en la calidez de la acogedora madera". Pero el autobús se detuvo y él había llegado a su destino, el Hotel Halcyon: "Me bajé del autobús sin decir buenas noches./ Ese buenas noches estaría lleno de amor inexpresable./ Siguieron adelante en su autobús, me dejaron en la tierra."
Ese "amor inexpresable", que le hace desear, que le hace "querer", es el que me conecta con Vallejo: "Me viene, hay días una gana ubérrima, política,/ de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,/ y me viene de lejos un querer/ demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,/ al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,/ a la que llora por el que lloraba, al rey del vino, al esclavo del agua,/ al que ocultóse en su ira,/ al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en/ mi alma..." Lo que Vallejo dice de manera general y de modo directo y breve, Walcott lo dice partiendo de una anécdota, con un relato poético lleno de mixturas. Pueden encontrase similitudes en ambos poetas, que son originarios de tierras del tercer mundo, países periféricos, con conciencia de su mestizaje racial y cultural, que han vivido el autoexilio, pero este "amor inexpresable" expresado magistralmente por ambos es lo que los hace universal y portadores de, en palabras de Washington al referirse al antillano, "una luz radiante, un firme faro de humanidad y belleza en el mundo contemporáneo".
La penúltima estrofa del poema de Vallejo dice: "Ah, querer, éste, el mío, éste, el mundial,/ interhumano y parroquial, provecto!/ Me viene a pelo,/ desde el cimiento, desde la ingle pública,/ y, viniendo de lejos, da ganas de besarle/ la bufanda al cantor,/ y al que sufre, besarle en su sartén,/ al sordo, en su rumor craneano, impávido;/ al que me da lo que olvidé en mi seno,/ en su Dante, en su Chaplin en sus hombros." Esta parte la analiza Leopoldo Chiappo en su Estudios de la Comedia. Estudios Dantianos; acerca del significado de "Dante" en el poema de Vallejo nos dice: "Ya Boccaccio había observado que Dante, hipocorístico con el cual se ha inmortalizado Durante Alighieri, quiere decir "el que da", es decir, se trata (tanto en italiano como en castellano) del participio activo del verbo 'dar' (...) Vallejo, con intuición poética, rescata la significación del nombre propio del poeta Dante, insuflándole el sentido dinámico de verbo activo participial 'dante', 'quien da', 'dador', el que 'siempre está dando', donador, fuente incesante." Luego Chiappo señala algo más: "Recordemos las palabras citadas del poema: quien es besado en su sartén es alguien que sufre (...) quien es besado en su Dante, es decir, en su ser noblemente donante, es quien me da, no cualquier cosa, secundaria, superflua o accidental, sino nada menos lo que es lo más importante, que es la donación de aquel quien 'me da lo que olvidé en mi seno' (...) en lo más profundo de mi mismo, en mi propio ser, en mi penetral..." Entonces vamos entendiendo que "Dante" es el donante del propio ser, pero, siguiendo a Chiappo: "del poeta Dante entendido como quien puede darnos lo que habíamos olvidado, lo que estaba cancelado, perdido, no en cualquier parte, pues no se trata de nada adjetivo o adventicio, sino en lo más profundo de nuestro propio ser y que es nuestro ser propio." Y más adelante, como si se tratara del análisis del poema de Walcott: "Dante es la grandeza que está en cada hombre, es el exiliado, el sufriente, el amante que llevamos dentro con la capacidad de despertar en nuestros hermanos hombres humanos lo que habían olvidado en su seno, es decir, la posibilidad de vivir desde sí mismos, desalienados. El que me ama es mi Dante, el que me despierta lo que me había olvidado en mi seno, me hace vivir y ya no desvivo más. Me dona la única, la verdadera donación."
Ahora veamos cómo acaba el poema de Walcott. Nos habíamos quedado que con tristeza había tenido que bajar del autobús, pues había llegado a su paradero: "Entonces, un poco más allá, el vehículo se detuvo. Un/ hombre/ gritó mi nombre desde la ventanilla./ Caminé hasta él. Me tendió algo./ Se me había caído del bolsillo una cajetilla de cigarrillos./ Me la devolvió. Me di la vuelta para ocultar mis lágrimas./ No deseaban nada, nada había que yo pudiera darles/ salvo esta cosa que he llamado 'La Luz del Mundo'". El poeta sufre al no poder darles inmediatamente aquello que todos los pasajeros del autobús le habían dado y sin saberlo, que sería, recogiendo el análisis de Chiappo, aquello que guarda la palabra Dante. Si bien este poema no termina con un final feliz _ aunque el haberles dado finalmente este poema "La Luz...", su ser propio, invierte paradójicamente este aparente final triste _, el de Vallejo tampoco acaba bien. También paradójicamente nos dice, y no sin menos emoción: "Quiero, para terminar,/ cuando estoy al borde célebre de la violencia/ o lleno de pecho el corazón, querría/ ayudar a reír al que sonríe, ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,/ cuidar a los enfermos enfadándolos,/ ayudarle a matar al matador - cosa terrible -/ y quisiera yo ser bueno conmigo/ en todo."
Para nada aquí quiero sugerir que Walcott se ha basado en el poema de Vallejo para escribir su poema. El alma es universal así como la estructura humana, y cuando la emoción nos desborda simplemente utiliza formas poéticas para comunicar lo inexpresable. La cualidad más importante del artista es justamente recoger aquellos elementos que están, digamos, en el aire (en el sentido de ser percibidos de alguna manera por todos), y saberlo plasmar.

César Vallejo

Me viene, hay días...

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona
en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.
Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.
Ah querer éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, provecto!
Me viene a pelo,
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.
Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudarle a matar al matador _ cosa terrible _
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.
6 nov. 1937

Derek Walcott

La Luz del Mundo
Kaya ahora, necesito kaya ahora
Necesito kaya ahora,
Porque cae la lluvia
Bob Marley

Marley cantaba rock en el estéreo del autobús
y aquella belleza le hacía en voz baja los coros.
Yo veía dónde las luces realzaban, definían,
Los planos de sus mejillas; si esto fuera un retrato
Se dejarían los claroscuros para el final, esas luces
Transformaban en seda su negra piel; yo habría añadido un
          pendiente,
algo sencillo, en otro bueno, por el contraste, pero ella
no llevaba joyas. Imaginé su aroma poderoso y
dulce, como el de una pantera en reposo,
y su cabeza era como mínimo un blasón.
Cuando me miró, apartando luego la mirada educadamente
porque mirar fijamente a los desconocidos no es de buen
           gusto,
era como una estatua, como un Delacroix negro
La Libertad guiando al pueblo, la suave curva
del blanco de sus ojos, la boca en caoba tallada,
su torso sólido, y femenino,
pero gradualmente hasta eso fue desapareciendo en el
           atardecer, excepto la línea
de su perfil, y su mejilla realzada por la luz,
y pensé, ¡Oh belleza, eres la luz del mundo!
No fue la única vez que se me vino a la cabeza la frase
en el autobús de dieciséis asientos que traqueteaba entre
Gros-Islet y el Mercado, con su crujido de carbón
y la alfombra de basura vegetal tras las ventas del sábado,
y los ruidosos bares de ron, ante cuyas puertas de brillantes
           colores
se veían mujeres borrachas en las aceras, lo más triste del
           mundo,
recorriendo a tumbos su semana arriba, a tumbos su semana
           abajo.
El mercado, al cerrar aquella noche del Sábado,
me recordaba una infancia de errantes faroles
colgados de pértigas en las esquinas de las calles, y el viejo
            estruendo
de los vendedores y el tráfico, cuando el farolero trepaba,
enganchaba una lámpara en su poste y pasaba a otra,
y los niños volvían el rostro hacia su polilla, sus
ojos blancos como sus ropas de noche; el propio mercado
estaba encerrado en su oscuridad ensimismada
y las sombras peleaban por el pan en las tiendas,
o peleaban por el hábito de pelear
en los eléctricos bares de ron. Recuerdo las sombras.
El autobús se llenaba lentamente mientras oscurecía en la
            estación.
Yo estaba sentado en el asiento delantero, me sobraba tiempo.
Miré a dos muchachas, una con un corpiño
y pantalones cortos amarillos, una flor en el cabello,
y sentí una pacífica lujuria; la otra era menos interesante.
Aquel anochecer había recorrido las calles de la ciudad
donde había nacido y crecido, pensando en mi madre
con su pelo blanco teñido por la luz del atardecer,
y las inclinadas casas de madera que parecían perversas
en su retorcimiento; había fisgado salones
con celosías a medio cerrar, muebles a oscuras,
poltronas, una mesa central con flores de cera,
y la litografía del Sagrado Corazón,
buhoneros vendiendo aún a las calles vacías:
dulces, frutos secos, chocolates reblandecidos, pasteles de
           nuez, caramelos.
Una anciana con un sombrero de paja sobre su pañuelo
se nos acercó cojeando con una cesta; en algún lugar,
a cierta distancia, había otra cesta más pesada
que no podía acarrear. Estaba aterrada.
Le dijo al conductor: "Pas quittez moi a terre",
Que significa, en su patois: "No me deje aquí tirada",
Que es, en su historia y en la de su pueblo:
"No me deje en la tierra" o, con un cambio de acento:
"No me deje la tierra" [como herencia];
"Pas quittez moi a terre, transporte celestial,
No me dejes en tierra, ya he tenido bastante".
El autobús se llenó en la oscuridad de pesadas sombras
que no deseaban quedarse en la tierra; no, que serían
           abandonadas
en la tierra y tendrían que buscarse la vida.
El abandono era algo a lo que se habían acostumbrado.
Y yo les había abandonado, lo supe allí,
sentado en el autobús, en la media luz tranquila como el
           mar,
con hombres inclinados sobre canoas, y las luces naranjas
de la punta de Vigie, negras barcas en el agua;
yo, que nunca pude dar consistencia a mi sombra
para convertirla en una de sus sombras, les había dejado su
           tierra,
sus peleas de ron blanco y sus sacos de carbón,
su odio a los capataces, a toda autoridad.
Me sentía profundamente enamorado de la mujer junto a
            la ventana.
Quería marcharme a casa con ella aquella noche.
Quería que ella tuviera la llave de nuestra cabaña
junto a la playa en Gros-Ilet; quería que se pusiese
un camisón liso y blanco que se vertiera como agua
sobre las negras rocas de sus pechos, yacer
simplemente a su lado junto al círculo de luz de un quinqué
           de latón
con mecha de queroseno, y decirle en silencio
que su cabello era como el bosque de una colina en la
            noche,
que un goteo de ríos recorría sus axilas,
que le compraría Benin si así lo deseaba,
y que jamás la dejaría en la tierra. Y decírselo también a los
            otros.
Porque me embargaba un gran amor capaz de hacerme
           romper en llanto,
y una pena que irritaba mis ojos como una ortiga,
temía ponerme a sollozar de repente
en el transporte público con Marley sonando,
y un niño mirando sobre los hombros
del conductor y los míos hacia las luces que se aproximaban,
hacia el paso veloz de la carretera en la oscuridad del campo,
las luces en las casas de las pequeñas colinas,
y la espesura de estrellas; les había abandonado,
les había dejado en la tierra, les dejé para que cantaran
las canciones de Marley sobre una tristeza real como el olor
de la lluvia sobre el suelo seco, o el olor de la arena mojada,
y el autobús resultaba acogedor gracias a su amabilidad,
su cortesía, y sus educadas despedidas
a la luz de los faros. En el fragor,
en la música rítmica y plañidera, el exigente aroma
que procedía de sus cuerpos. Yo quería que el autobús
siquiera su camino para siempre, que nadie se bajara
y dijera buenas noches a la luz de los faros
y tomara el tortuoso camino hacia la puerta iluminada,
guiado por las luciérnagas; quería que la belleza de ella
penetrara en la calidez de la acogedora madera,
ante el aliviado repiquetear de platos esmaltados
en la cocina, y el árbol en el patio,
pero llegué a mi parada. Delante del Hotel Halcyon.
El vestíbulo estaría lleno de transeúntes como yo.
Luego pasearía con las olas playa arriba.
Me bajé del autobús sin decir buenas noches.
Ese buenas noches estaría lleno de amor inexpresable.
Siguieron adelante en su autobús, me dejaron en la tierra.
Entonces, un poco más allá, el vehículo se detuvo. Un
           hombre
gritó mi nombre desde la ventanilla.
Caminé hasta él. Me tendió algo.
Se me había caído del bolsillo una cajetilla de cigarrillos.
Me la devolvió. Me di la vuelta para ocultar mis lágrimas.
No deseaban nada, nada había que yo pudiera darles
salvo esta cosa que he llamado "La Luz del Mundo".


miércoles, 19 de octubre de 2016

ULTIMO LIBRO DE POESÍA DE LA ETAPA 90

"La poesía de Ildefonso se pasea ebria por Lima la ruca, y él la poetiza con esa furia épica de juglar-haravicu en versos que arrancaron a más de 200 km por hora atravesando todas las luces de neón allá por los primeros años de los 90, cuando aun sentíamos la resaca de la Guerra interna y se nos asomaba una dictadura que perseguía a los libres de verdad.
Allí escribió Miguel enfurecido, maldito, beat urbano, y persistió en la búsqueda, y hoy tras más de 25 años sé que encontró el verso perfecto o tal vez aun, conociéndolo, siga atrás de el ".
RENATO SALAS. Poeta (Lima, 1971). Perteneció al grupo de poesía en los 90s "Cultivo". Publicaciones: "Desde el Colchón", "De Lima a Vitarte" y Corsé"


Diario animal es el último libro que cierra un ciclo compuesto por los siguientes títulos:

2016 - Manifiesto
2016 - El hombre elefante y otros poemas
2011 - Escrito en los afluentes
2010 - Dantes 
2010 - Todos los trágicos desiertos 
2010 - Libro de exilio
2008 - Himnos 
2008 - Los desmoronamientos sinfónicos
2005 - Heautontimoroumenos
2004 - M.D.I.H.
2002 - Las ciudades fantasmas
2001 - Canciones de un bar en la frontera

1999 - Vestigios

DIARIO ANIMAL
O LAS BATALLAS QUIETAS DE MIGUEL ILDEFONSO
Por: Darwin Bedoya


La poesía de Miguel Ildefonso tiene tratos con las batallas de la vida y de la muerte: ha seguido una ruta paralela a la de Dante Alighieri: infierno, purgatorio y paraíso. Quizá esto tenga que ver con lo que decía Rilke alguna vez en sus Elegías de Duino: lo bello no es sino el comienzo de lo terrible. Desde Vestigios (1999) hasta este libro, Diario animal (2016), que cierra una época, encontramos en la poesía de Ildefonso textos que reflejan los espacios menos gratos, los sitios más oscuros de la existencia humana mostrados al lector con voluntad de choque, para que la colisión les abra los ojos a una realidad velada por las luces y el ruido insoportable de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Diario animal (Hipocampo Editores, 64pp. 2016), reúne 38 poemas que narran silenciosamentelos viajes y retornos del poeta. En las páginas de este breve libro encontramos otra vez esa representación del sujeto migrante en su citadina épica cotidiana de la que hablaba Paolo de Lima. Una poética de la tensión de la imagen donde el sujeto/personaje está en distintos lugares y va narrando y anotando, a modo de diario, lo que siente y lo que piensa: lo que vive y lo que muere.
Si bien la poesía de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) expresa también la hibridez de la cultura peruana, lo marginal, el desencanto por lo urbano, lo metapoético; en Diario animal aparece también ese halo profético donde el sujeto poemáticodescubre que puede aniquilarse o que puede ser eterno: Agotada la polilla sola en un bosque de edificios y cables / yo sería aquella polilla pero solo me queda el cansancio / las sombras de palabras que fui domesticando en habitaciones lúgubres de hostales lejanos / la polilla no tiene memoria como el dolor / solo es un sueño / solo es la abreviatura de una vida / el intento de ser el reflejo de una luna muerta escrita en estas batallas quietas (La polilla, p. 16). Devolverle la palabra al poeta es empezar otra vez el mundo. Como en La Odisea, Ildefonso nos habla de volver a Ítaca, desde la sombra de los escombros, llegar a las ruinas de la casa. Jugar a los dados en esa vida underground. Irse para volver al lugar poético. En Diario animal están Apolo, Durham, Juárez, Lima, Texas, EE.UU., México, el Norte, el Sur, otra vez Apolo, otra vez Lima o cualquier lugar del mundo: Tirado en el cemento/ de una calle sucia/ silbando en la neblina/ del invierno claro/ y lleno de sinestesias/ allí ve a Dios/ que también gusta de la música… (El ángel caído, p. 20). Estas batallas de las que habla el poeta tienen que ver con el retorno y la partida. El dolor. La ausencia. El recuerdo: el paraíso de Dante, el lugar para vivir: la casa familiar: es una pequeña casa que habita una casa infinita/una habitación donde apenas/ puede entrar la mitad de un amor (La mariposa, p. 33). Pero cuando el poeta habla de su hábitat terrenal, también habla de su otro gran hogar: vivo en la poesía/ de niño no lo sabía/ ella estaba hecha solo de silencio/ pero luego (a los 17 así) se hizo de palabras/ simples palabras como estas/ yo vivo aquí/ en este poema que no escribo/ sino que se hace visible ante la luz del mundo… (La salamandra, p. 34).

En la última parte de Diario animal: EX-LIBRIS/ Nocturno de Lima, el poeta habla de un viaje que no es sino el volver a casa. Y en este poemael más extenso y logrado del libro, nos habla, una vez más, del eterno ir y venir, del viaje, del retorno como una insistencia para marcar territorio o como el que sabe que no debe irse porque no sabe despedirse y por eso retorna a la Ítaca de toda la vida: aquí está / lo vemos esperando su carro / metido ya en la noche desplegando sus alas que no pueden volar / esperando y sonriendo/con el viento ácido / con la cruz del cerro negro al frente / los faros guiándolo / aquí está él / perdido en la tierra sedienta de ese cuerpo divino airado loco animal… (Nocturno de Lima, p. 58).El poema es una autobiografía, un retrato hablado del país y sus aristas más altas y bajas. Ildefonso cierra así un período, una vida: …entonces quedan aquí las palabras nada más/ queda en esta línea: un punto final. (La pulga, p.27), este libro final (todos los poemarios de Ildefonso son un solo poema, como él mismo lo ha afirmado en algunas ocasiones) es un canto, literalmente, una sucesión de cantos a la vida, al viaje, al retorno, a la poesía misma, por eso encontramos, por momentos, registros levemente disímiles que, de alguna manera, delatan una enunciación plural y abierta a la diferencia, al cambio, al desafío. A la manera de Luchito Hernández, Ildefonso ha ido publicando no cuadernos, sino libros de poesía fracturados que son un todo y que culminan con este poemario. Así, la voz de Ildefonso desde su consagración con Las ciudades fantasmas (2002) no puede confundirse con la de ningún poeta, pues la suya se ubica entre las más singulares, inquietantes y hondas porque, como él, sabemos que: Un poeta/ solo es quien va dejando sus poemas al olvido.

M.D.I.H.


HOTEL LIMA (Miguel Ildefonso). Por: Carlos Lujan Andrade
A mediados de los 80, el rock estadounidense se vio ante una situación que marcaría el destino de su industria. El Centro de Recursos Musicales de Padres (PMRC) logró que se colocara en los discos que contenían letras con lenguaje vulgar y explícito una etiqueta que advirtiera a los padres el tipo de música que sus hijos iban a escuchar. Más allá de reflexionar si dicha medida fue pertinente o no, traigo a colación ese hecho pues me vino a la mente luego de leer el libro Hotel Lima (2006) de Miguel Ildefonso. Y es que, como algunos ya lo sabrán, cuando se publicó este libro hubo quienes pretendieron iniciar un debate sobre si esta obra era una novela o no. 

Recordemos que Hotel Lima fue publicado hace diez años y quizás por entonces la narrativa peruana era demasiada encajonada para darle siquiera el beneficio de la duda a un libro ambiguo que tenía otras pretensiones. En la misma portada, tímidamente (pequeña y en letra script) dice - como no queriendo la cosa - que lo que vamos a leer es una novela. Y desde mi punto de vista, sí lo es. Efectivamente, sucede poco en su mundo real, mencionándolo como advertencia a los futuros lectores ya que para los que aún no aceptan la legitimidad del uso del nombre novela, sería necesario, ahora sí tengo que decirlo, sobre esa nota de advertencia que mencionaba líneas arriba. Una que debe decir en todo libro que introduzca la prosa poética dentro de un cuerpo narrativo: Advertencia de contenido, poesía explícita. 

Lo desarrollado en Hotel Lima no proviene directamente de lo externo, sino desde la visión del personaje que introspectivamente va desgranando sus emociones, experiencias sexuales, sus visiones oníricas, etílicas, recuerdos de infancia ante estímulos que justamente provienen de una desesperada búsqueda de un camino que el Maestro Humareda le podría enseñar.

La poética narrativa con la que descubrimos al personaje es asfixiante, de figuras interminables solamente interrumpida por la ciudad violenta entre explosiones, luces diurnas, melodías, figuras femeninas que extravían o simplemente un techo descascarado. Aquello nos deriva hacia diferentes dimensiones narrativas, entre el drama, los monólogos, los diálogos alucinados con personajes literarios que deambulan etéreamente entre la tristeza y la melancolía de Dante, el personaje que hace el viaje poético en el que consiste la trama de Hotel Lima. Sin embargo, es advertido que ahí no encontrará respuestas. El Maestro imaginario rechaza su búsqueda desesperada: “Es solamente mi verdad. No hay imagen ni semejanza de nada. Por eso yo no voy a curar tu dolor. Eso lo dejo para los charlatanes. Aunque llegues a creer totalmente en mí o en lo que dicen las palabras, llegará el momento en que dudes de todo. El lenguaje cansa y finalmente me matarás”.

Ildefonso agota el lenguaje, exprime sus posibilidades en figuras descriptivas de fuste pues coloca a todos sus demonios visualizados como amantes - así tenemos a Silvia, Beatriz, Laura, Emma -  o con diálogos realmente logrados usando imágenes simbólicas del pintor Humareda, como la de Marilyn y el Arlequín, sin perderse en divagaciones y argumentos innecesarios.

Es cierto que el paisaje refleja la marginalidad de un individuo tan inmerso en la tristeza citadina pero a la vez arraigado profundamente a ella. Humareda y Dante se confunden en angustias claustrofóbicas y descarnadas,  encaminándolos a ese viejo y oscuro Hotel Lima donde ambos se embriagaban para adentrarse en sus secretos de vida y de ciudad, plasmado en el “Libro”, escrito por el personaje principal y el que terminará por extraviarse a voluntad.

A través de los cuatro actos que componen Hotel Lima, Ildefonso se arriesga a contar la historia de un autodescubrimiento destructivo. En donde Dante al final decide salir del “vientre de ballena” que había sido la habitación 283, al perder en sí mismo toda la lúgubre luz de una vela ya extinta. Y así caminar por el desierto hasta encontrarse con una iluminación. Imagen que me recuerda a Jonás descrito por Gastón Bachelard al hablar del cuadro La Biblia de Marc Chagall, en esta él nos dice:

“¡Cuántas veces desde que tengo el libro de Chagall en mi habitación de flancos cubiertos de libros, no he vuelto a alimentar mi ensueño con las imágenes de Jonás! (…) El cetáceo está allí, unas veces más pequeño que el Profeta, otras dirigiendo al náufrago. Así lo exigen los ensueños que juegan hasta lo indecible con la dialéctica del continente y del contenido. ¿No es también el mar por sí solo un pez gigantesco? Jonás realmente se hunde en las aguas. Desde el primer naufragio, fue el mundo de las aguas el que engulló al Profeta: “Me envolvían las aguas hasta el alma, me cercaba el abismo, una alga se enredaba a mi cabeza (Libro de Jonás, II, 6). Pero, desde el fondo de aquel sepulcro marino, desde el fondo de aquella tumba viva que es el pez engullidor, Jonás ruega al Señor. El vientre de la ballena es un oratorio.
Entonces llega el momento en que Jonás abandona el mundo de las escamas para ser arrojado sobre la playa de arena. Jonás regresa con los hombres y empieza su destino de Profeta y Chagall no los muestra cuando corre a Nínive para llevar allí la palabra de Dios”.

La caótica e idealizada representación emocional de Dante y Humareda se desmoronan con la imagen de ciudad marginal donde conviven, pues uno se pregunta: ¿cómo acallar el ruido de ciudad con el ensordecedor y poético vacío del color? Y claro, ¿dónde hallarlo? si se decía a sí mismo, en uno de los alucinados discursos:

“Si tú vieras esos rostros cayéndose a pedazos, bloques de pintura ocultando viejos recuerdos que a su vez ocultan olvidados sueños, todos marchitos, resquebrajados entre el ensordecedor ruido de Lima. Porque en ese tránsito de humo, si tú vieras esas capas de tiempo superpuestas derrumbándose en la tarde nublada que quiere perderse en cada paso y desnudando el elemento sagrado de mi sexo como un prófugo deseo sin ir a ninguna parte, ávido de todo cuerpo blandido en el amor, caminando bienaventurado entre los que yacen tirados en las veredas, en las plazas meadas, sin mirar atrás, obnubilado con la visión que espero en cada calle porque me encuentro solo, porque no espero nada de esta realidad sino una vida más real, abrir los párpados limpiamente a través de la ventana del Hotel, ser en ese instante de percepción el leve deseo que mueve las demás acciones con ese denso impulso quemado bajo el rumor hueco de la tarde, entre el comercio callejero, semáforos de la miseria oliendo a sobacos, músicas estrepitosamente arrojadas por los parlantes, como en un barco en altamar frente al sol rojo”.

Lo gris de la ciudad acoge esta no-novela  - parafraseando a Ildefonso -  que al igual que la no-poesía, detona una bomba poética dentro de la narrativa descriptiva y realista. El mundo de Hotel Lima es de ensueño turbio, ebrio y oscuro. Es como si Gastón Bachelard hubiera escrito el Bajo el Volcán de Lowry, porque podríamos agregar este libro a otro de sus textos como los de “la imaginación y la materia” en los que compenetra los elementos con los sueños. Entonces, ¿qué diríamos de este libro?: ¿El pintor y los sueños? ¿el poeta y los sueños? ¿Humareda y Dante y los sueños?

La imaginación poética se desborda en esta novela de Ildefonso, remece la estructura de la rigidez narrativa para diluirla con su poesía renovada, porque más que muestra, ensueña y nos confirma lo escrito por Bachelard:

“La imaginación inventa algo más que cosas y dramas, inventa la vida nueva, inventa el espíritu nuevo; abre ojos que tienen nuevos tipos de visión. Verá si tiene “visiones”. Tendrá visiones si se educa en las ensoñaciones antes de educarse de experiencias, si las experiencias vienen después como pruebas de esas ensoñaciones. Como lo ha dicho D´Anunzzio: “Los acontecimientos más ricos no llegan mucho antes de que el alma se dé cuenta. Y cuando comenzamos a abrir los ojos sobre lo visible, ya éramos desde mucho tiempo atrás adherentes a lo invisible.

En esta adhesión a lo invisible consiste la poesía primera, la poesía que nos permite tomarle el gusto a nuestro destino íntimo. Nos da una impresión de juventud al concedernos sin cesar la facultad de maravillarnos. La verdadera poesía es una función de despertar”.

En Hotel Lima llegan las ensoñaciones antes que la experiencia, la ciudad, el pintor, sus demonios, las calles, los individuos. El personaje toma lo sensitivo para que le permita abrir los ojos ante un mundo que no llega a alcanzar.


https://elburrocomelibros.lamula.pe/2016/11/05/hotel-lima-miguel-ildefonso/cverlaine/

UNA ESTÉTICA DE LO GROTESCO:
El hombre elefante y otros poemas de Miguel Ildefonso
Darwin Bedoya

Entre todas las artes la poesía es la única que ya no existe... dice, en las antípodas, uno de los poetas más actuales y más activos en nuestro mapa literario de hoy, tal vez sea uno de los integrantes más prolíficos y descollantes de la poesía peruana de los 90: Miguel Ildefonso. Ha publicado alrededor de una docena de libros de poesía, entre los tres últimos títulos está El hombre elefante y otros poemas, 130 pp. Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa, 2016. Este nuevo libro —al igual que casi todos los poemarios publicados por nuestro poeta—, ha sido merecedor de un importante reconocimiento: el Premio José Watanabe Varas de la Asociación Peruano Japonesa, 2015.
Desde Vestigios (1999) hasta Diario animal (2016) ha pasado mucha agua bajo el puente, quizá por eso Miguel ha anunciado que este libro es parte de un largo proyecto y, a la vez, de un solo texto que empezó a escribir en los 90 y que, además, cierra todo un ciclo de trabajo poético (ciclo de despedida y de inicio) que no solo refleja completud y realización dentro de su línea estética, sino también un decir poético lleno de apuestas y propuestas: un canon poético de la madurez, además de cantar, en tono mayor, la resistencia a las voces de la destrucción; todos estos signos se entrecruzan para hacernos ver esa latente vena del autor que nos conduce a una épica de la vida que ahora, como en sus libros precedentes, también se nota en este nuevo texto.
El hombre elefante y otros poemas que se podría titular también: El cántico de las criaturas, se divide en dos partes: Los monstruos y Otros monstruos. En Los monstruos la apuesta que hace el autor no es accesoria, y se entiende al concluir la lectura, porque es un juego de espejos, una suerte de recreación de voces y personajes; un desdoblamiento y transmisión de las sensaciones que muestran, de manera más lírica las múltiples voces en tiempos diversos y distancias insondables adquiriendo intensidad y mayor lirismo, casi una metapoética. La idea del autor al seleccionar personajes grotescos, seguramente tiene que ver con la intención de mostrar de estos monstruos su lado humano, sentimental, estético al fin y al cabo. No nos sorprenderá, por eso, encontrar a un Kafka meditativo, a un Van Gogh pintando entre los ojos de los bichos o al Fantasma de la Ópera escuchando unos aplausos en el centro de su inframundo. Tampoco nos será extraño toparnos con un Pinocho tirado entre juguetes empolvados y, no resultará insólito ver desde una ventana al Joven Manos de Tijera deambulando entre un jardín de árboles disecados. En los distintos pasajes o reescrituras hay una suerte de interlocutor ausente, alguien para quien se escribe y que no es un lector anónimo, alguien que recibirá el mensaje para escrutarlo y que lo espera. Aparecen referencias a una época y un lugar, a un dolor físico y emocional, lo que hace que se emparente este libro con los anteriores de Ildefonso, y, por supuesto, este poemario sigue trazando esa línea que marca —en la poesía peruana—, un cierto hito generacional.
Quizá la parte más reflexiva del libro sea la última, Otros monstruos, allí se percibe una gran sensibilidad que se ve expresada por la necesidad de sentido, pues trata de definir al hombre contemporáneo una vez desenmascarados los excesos de la postmodernidad, las carencias del individuo actual y la valoración de la poesía a la luz de los últimos acontecimientos del mundo. En estas páginas finales, intelecto e intuición animan la frondosa poesía de Ildefonso: la poesía es delirio.
En definitiva, El hombre elefante y otros poemas es una poética que embiste el cuerpo central del problema: la presencia y magnificidad de un arte o post-arte, o post-literatura que ni resuelve ninguna de las cuestiones actuales ni procura una definición a los retos más inmediatos. Miguel Ildefonso, con este nuevo poemario, delata un culmen poético, un conjunto de canciones para aliviar la soledad y para recorrer un largo camino, porque escribes desde la nostalgia de una polilla… porque la poesía es otro mundo/ es posible allí dejar de escribir (p.119 / - / 121) porque la poesía, al fin y al cabo, es un silencio útil para descentrar, o al menos poner en tela de juicio a cualquiera de los discursos imperantes de este siglo. Pero no solo eso, El hombre elefante y otros poemas supone, en última instancia, el triunfo de la palabra sobre el discurso.
Arequipa, enero de 2017

En: Letras.s5
http://letras.mysite.com/dbed150217.html

martes, 2 de agosto de 2016

Manifiesto



http://agendacix.org/miguel-ildefonso-manifiesto.html
http://caretas.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=1237&idSTo=75&idA=73881#.V6D_LtLhDIU
http://www.expreso.com.pe/opinion/enrique-verastegui/el-libro-de-miguel-idelfonso/
http://letras.s5.com/mild221215.html

EL LIBRO DE MIGUEL ILDEFONSO
·         Diario Expreso (Perú)
·         18 sep. 2016
·         ENRIQUE VERÁSTEGUI
Como Pablo Guevara, me gusta tener como amigos a los jóvenes, pero a diferencia de él, también me gusta tener amigos viejos. Así me pasa, por ejemplo, con la amistad de Miguel Ildefonso, poeta de los noventa, a quien he leído desde que empezó a publicar sus primeros libros. Nacido en Lima, y con sus estudios realizados en la Universidad Católica, con una Maestría en Creative Writting, en Texas, este poeta ha recibido también algunos premios importantes, como Los juegos florales de la Universidad Católica, el premio Copé de poesía, los juegos florarles de la universidad de Texas, el premio de poesía Iberoamericana de Tegucigalpa, aparte de algunos premios en cuento. Si bien todos los libros de Miguel Ildefonso están escritos en el lenguaje coloquial, desde donde teorizar sobre el sexo y la historia, las buenas chicas, el amor al arte extremo, la locura y la lucidez, y todos los detalles de que está conformada la vida; también es verdad que el texto que ahora leo: MANIFIESTO, nos estremece hasta el punto de leerlo de un tirón. MANIFIESTO tiene su base sintáctica sometida a prueba extrema, sobre la que florece el pensamiento y la vida: “lo que no muere es esa voluntad,/que crece y aspira a no morir en el surco que conduce /al tren”. No sé pero quizá este es el mejor de sus libros: un bello sacudón a nuestras mentes y nuestros cuerpos. Tres nombres actúan en la semántica de MANIFIESTO: Vallejo de TRILCE, UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO de Rimbaud, y el primer Wittgentein, quienes sustentan la calidad de este libro.

El Hombre Elefante y Otros Poemas

El hombre elefante y otros poemas: entre el llamado
del abismo y la esperanza
(La consolidación de la poética de la esperanza)
Por: David Antonio Abanto Aragón

                 ¿Acaso te pedí, Creador, que de mi arcilla
me hicieses hombre? ¿Acaso te rogué
que de la oscuridad me ascendieses?

Paraíso perdido, John Milton

Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo procuraría
no fallar en complacerte
Joseph Merrick
«Uno piensa hacer cosas buenas a través de la literatura, pero uno se va convirtiendo en una especie de monstruo. Pero todo artista tiene que aceptar su demonio».
Miguel Ildefonso en entrevista de Mijaíl Palacios Yábar.

Exordio
Todas las sociedades se definen por lo que excluyen. Toda definición social y estética contiene implícita —o explícitamente— la definición de su inversa. La normalidad requiere anormalidad, los vínculos comunes circunscriben la noción de extraño, la conducta adecuada refleja el espejo invertido de lo inaceptable. La imagen convencional de nuestro ser social está rodeado de parias, de extraños, de monstruos[1].
El reciente poemario de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) El hombre elefante y otros poemas (Asociación Peruano Japonesa, 2016),ganador del IX Concurso Nacional de Poesía, premio«José Watanabe Varas»,nos muestra a través de sus treinta composiciones (desplegadas en dos secciones del poemario: i los monstruos,ii otros monstruos y epílogo) que los monstruos[2] pueblan nuestro imaginario y han estado al acecho fuera de las murallas de nuestras «ciudades invisibles» desde los más antiguos «vestigios» de la literatura[3]en una comunión intensamente sensorial, corporal, con la energía que vitaliza el mundo.
Miguel Ildefonso nos lo recuerda colocando como eje central de la poética[4]desplegada en este poemario a la esperanza[5]. Una esperanza que no transita por caminos trillados, pero no por eso menos firme; una esperanza desprovista de un pretencioso saber racional pero lúcida. Alberto Manguel señala: «En español la palabra “espera” tiene la misma raíz que “esperanza”. Gide dice en su diario: “Sala de espera. ¡Qué idioma tan hermoso, que confunde espera con esperanza!”».
Para lograr plasmar esta poética de la esperanza Ildefonso establece unaestética de disonancias, en la cual lo indeterminado se expresa mediante determinaciones (o a la inversa), lo complicado mediante frases sencillas (y viceversa), etc. Las tensiones disonantes principales son las que surgen entre la forma y la desintegración, la tradición y la ruptura, la inteligibilidad y el hechizo verbal, el intelectualismo y el antiintelectualismo, la percepción y la irrealidad, la precisión y la ambigüedad, la espontaneidad y el artificio, la verdad y la mentira, la belleza y la fealdad. Una poética que parecería ir a contracorriente del curso presente de la historia, un don que debe ser acogido creando en la historia, en nuestro mundo, en la vida de todos los días, razones de espera.
Umberto Eco ha demostrado que en apariencia belleza y fealdad son conceptos que se implican mutuamente, y por lo general se considera que la fealdad es la antítesis de la belleza hasta el punto que bastaría con definir la primera parea saber lo qué es la segunda. No obstante, las distintas manifestaciones de la fealdad a través de los siglos son más ricas e imprevisibles de lo que comúnmente solemos creer.
El hombre elefante y otros poemasha sido escrito para acercarnos a esta verdad. Y ningún creador puede imaginar algo más terriblemente monstruoso que la verdad. Sus páginas nos lo muestran en un itinerario sorprendente hecho de pesadillas, terrores y amores de casi tres mil años, donde los sentimientos de repulsa y conmovedora compasión se dan la mano, y el rechazo de la deformidad va acompañado de éxtasis decadentes ante las más seductoras violaciones de los cánones de belleza clásicos.
                                                                                                                                    
I

La primera aparición del monstruo se da con Joseph Merrick, «el hombre elefante»[6].Su figura aparece como contrapartida y sombra de lo bello, lo sublime.Verlo inquieta, aterra, y ante la inquietud y el terror que provoca, el monstruo se esconde. Solo puede convivir con los seres humanos a condición de no ser visto.

el Hombre Elefante huye sin saber adónde ir
no sabe en qué ciudad está
esos carros de lata pasan raudamente por sus costados
las estrellas son de plástico
charcos de leche alimentan a los pocos árboles sin hojas
los perros ladran cuando sienten sus pasos
los sonidos son secos de sus zapatos de madera
¿de qué está hecha la belleza? se pregunta
Ha podido aprender cómo viven los hombres porque los demás no saben que él está allí, oculto junto a ellos, en su jaula, en su ventana. Cuando los otros lo descubren, lo persiguen para estigmatizarlo y quizá matarlo, sin preocuparse por saber si es bueno o malvado[7].
Joseph Merrick es la víctima modelo. Ildefonso lo elige y erige como símbolo central de la poética[8] de este libro (anunciada ya en sus poemarios anteriores) y de la figura del poeta que comparte su dura suerte con la de todos y cada uno de nosotros.

dices: me llamo Joseph Merrick
me complace mucho conocerla
realmente usted es muy hermosa
¿trabaja en Hollywood? ¿en Broadway?
no huya por favor
solo estaba actuando
no pretendo ser otro
soy lo que soy
soy otro
ocúltese tras el espejo si desea
no la voy a tocar
no tiene que verme
estas manos solo conocen la textura del papel
la densidad paquiderma de mis palabras
hace que tropiece tontamente
las palabras solo quieren marchar hacia las fuentes
beber bajo el sol de la primavera
la primavera que ha traído su belleza a mi jaula
usted es fantasía
Venus que surge de esas aguas cristalinas
proporción y rezo: ¡iluminación!
¡usted es iluminación!
(el hombre elefante, pág. 18)
De ahí, la respuesta que Ildefonso brinda a Enrique Planas: «Ser monstruo es serescritor. Es parte de ser incomprendido».Sin embargo, hay una paradoja muy conmovedora en el hecho de que «el hombre elefante», el monstruo, reaccione a su ser como lo hacen muchas personas: sufre el destino del marginal, el verse a sí mismo con los ojos del que odia.

dices: construyo la maqueta de una iglesia
no salgo de mi habitación
tengo muchas faltas: soy un pecador
es mejor no salir
vivo en el London Hospital
aterrado de mí mismo
puedo anudar algunos versos
pero me cuesta mucho
si respirar fuese orar
si respirar fuese librarme de las culpas
duermo sentado en esta dura cama
no conozco la horizontalidad
tengo pesadillas de mí mismo
máquinas infernales echando humo
aspirando el veneno
los pulmones: mis fauces irritadas
el mundo es una feria espectacular
yo soy la zona oscura
soy la contaminación: las aguas servidas
construyo la maqueta de una iglesia
donde no hay dios
la belleza es la materialización
de la bondad
pero yo soy el crimen
soy el asesino y el asesinado
(el hombre elefante, pág. 15)
Pero también «el hombre elefante», el monstruo,la figura del poeta, está reconociendo, bajo los rasgos bestiales, la posibilidad de una violencia malvada. Joseph Merrick, hecho como todos nosotros, es, en parte al menos, como lo es el poeta, nuestro espejo, reflejo de aquello que no queremos o no nos atrevemos a recordar. Quizá por eso nos conmueve, nos inquieta, nos da miedo.Él es nosotros. Nosotros somos él.«Por ello es necesario reconocer que todos somos el monstruo, y hay que dejar de ver solo su lado horrendo y maligno. También dejar de ver el monstruo solo en los demás y advertirlo en uno mismo», dice el poeta en la misma entrevista.
A menudo, afirma TzvetanTodorov, añadimos a un esquema elemental (criminal/víctima-bienhechor/beneficiario) la distinción entre nosotros y los otros que nos permite dar cuenta de una serie de prácticas que consisten en atribuirnos los papeles valorados de héroes y bienhechores y de las víctimas, y en confinar a la otros en el papel menos glorioso de bestias, animales, asesinos, verdugos, criminales, victimarios o, simple y llanamente, monstruos.
Dice Alberto Manguel: «Occidente reconoce al Otro sólo para despreciarlo mejor, y luego se sorprende de la respuesta que recibe. FerdinandoCamon le dijo en una ocasión a Primo Levi: “Hay algo en la cultura cristiana que recomienda las relaciones con ‘el Otro’ por el único motivo de lograr su conversión… El destino de ‘el Otro’ carece de importancia frente a tal conversión. Si examinas esa afirmación, al cabo de cierto tiempo se puede ver que conduce al exterminio”».
Olvidamos que el ser humano encuentra «razones» para los crímenes que lleva a cabo en aquello que, precisamente, nos aleja de los «animales». Mientras estos matan por necesidad (para comer o defenderse), los seres humanos lo hace para protegerse de los peligros que a menudo solo existen en su imaginación o, como dice Umberto Eco,de enemigos que construye a falta de los verdaderos, incluso para llevar a cabo proyectos surgidos de su intelecto (o, en el peor de los casos, por el solo placer de matar por matar)[9].
El poeta, el creador, nos revela en su creación lo que el otronos muestra: aquello que, en nuestro interior, nos recuerda lo que vemos en ellos. Constatar que son humanos como nosotroso que nosotros somos capaces de convertirnos en inhumanoscomo ellosvienen a ser dos caras de lo mismo («porque escribir solo se parece al horror», nos dice en el insecto k, pág. 29).
Descubrir que los grandes criminales o monstruos de la historia son tan humanos como nosotros es uno de logrosdel poeta que nospermite acercarnos a ellos.
Al respecto, Ildefonso le dice a Enrique Planas: «Por ello es necesario reconocer que todos somos el monstruo, y hay que dejar de ver solo su lado horrendo y maligno. También dejar de ver el monstruo solo en los demás y advertirlo en uno mismo. Las guerras empiezan cuando vemos al monstruo solo en el otro».
Debemos recordar que en el proceso de creación que se renueva inagotablemente a través de la lectura[10], el yo lírico se convierte en el otro hablante para el lector y la respuesta del lector es siempre única e íntima, pero no termina con la respuesta del lector ya que es la correlación yo- la que perdura, la cual no pertenece al poeta ni al lector sino a los dos juntos en el diálogo poético. El ser humano existe realmente mediante las formas verbales del yo y el . La armonía está en la simetría de yo y y en la incongruencia que el yo dice lo que sientes… o eres.
De raigambre esencialmente romántica, Ildefonso despliega en su poema y, en el conjunto del libro, un elemento subjetivo como tema: el yo del poeta. El poema canta (y cuenta) el tema del poeta y del poema mismo. Poema de la poesía o poema del poeta.

déjenme ser el monstruo que miente
miento: invento historias
invento mi monstruosidad
invento mi bondad
es cierto: no tengo madre
mi madre murió
invento sus caricias
su comprensión: su abrigo
mis manos no respiran: viven en otro cuerpo
les escribiré un poema que les hable de la bondad
no aspiro a que sea muy bello
aspiro a que se acerque a la bondad
(el hombre elefante, pág. 16)
El poema del poeta se funde en el poema del poema.
entre los sueños orales de los perros
el aire abandonó su cuerpo
nunca quiso entrar tan fácilmente
como la música o la poesía
sus pasos aún resuenan
en unas cuantas pesadillas
solo se apiadan de él
los sueños viscerales de los perros:
el mundo está en tus pies
Hombre Elefante
que venga el Óscar
tú podrás contra todos nuevamente

(el hombre elefante, pág. 21)
El hombre elefante y otros poemas recoge y une estos dos temas de índole romántica: la poesía del poeta y la poesía del poema.
II

El tema de El hombre elefante y otros poemasno es la presencia del monstruo en la poesía, sino el tema es el poeta mismo. Joseph Merrick, el hombre elefante (pero también, el insecto K, el niño de madera, el marqués de Sade, el fantasma de la ópera, el hombre de hojalata, Ana Frank, el joven manos de tijera, Dante, Freddie, Vincent, el niño que yace en su cama, Darcy, el poeta, Caicedo, DrawBarrymore, Eleanor, etc.) no es una alegoría del poeta (en singular y minúscula): es una máscara simbólica, una persona[11]. El poeta es el poeta, pero también es el reflejo que lo trasciende: el Poeta (en singular y mayúscula) rebelde y libre. El reflejo terrestre, la copia corporal y espiritual de un arquetipo.
Un logro mayor de la poesía ildefonsiana es forjar personajes que son seres, criaturas, que a través de la lectura salen de la literatura y pasan a formar parte de nuestras vidas, se convierten en auténticos mitos de esta edad del mundo. Una edad en la cual, le dice Ildefonso a Pedro Escribano «la estética de lo bello se ha enclaustrado en un mercantilismo, en una reproducción de la belleza, de lo bello que se consume» y añadimos por nuestra parte, pero no se vive.Y todo ello no es más que una de las manifestaciones de nuestra época: «Es parte de la hipocresía que se ha instaurado en nuestras vidas, y que hay que cambiar por una simple razón de supervivencia» advierte el mismo autor, esta vez a Enrique Planas.
Por eso, los poetas y los seres humanos tendrán que crear una moral, una política, una erótica y una poética del tiempo presente. Le dice Ildefonso a Enrique Planas: «No hay poesía que no aspire a la moralidad. La estética es un medio para alcanzarla. Cuando uno entiende la estética, se da cuenta de que belleza y moral van unidas. No pueden existir la belleza y la fealdad sin la moral».
El poeta sabe que el camino hacia el presente pasa por el cuerpo, pero no debe confundirse con el hedonismo mecánico y promiscuo del mundo de hoy. Por ello,el creador ofrece, dona, da su creación al servicio de la memoria[12] parahacer recordar a los seres humanossu esencia[13]. El poeta convierte la memoria y la verdad en temas de diálogo entre los seres humanos. Nos recuerda que la memoria está ahora en nuestras manos, o mejor dicho en nuestra voces. La palabra, el logos, de todos debe ser escuchada para poder forjar solidariamente, entre todos, el paradigma de la memoria[14].
Es tarea del poeta hacernos recordar que podemos ser como el niño protagonista de «El traje nuevo del rey» de Hans Christian Andersen. Dice Ildefonso en un artículo de opinión: «cada uno de nosotros tiene la capacidad de ser como el niño del cuento y desconfiar del poder oculto en los medios de comunicación que reproducen y forjan “valores y actitudes fundamentales” de las sociedades (competencia, violencia, cinismo, etc.)» (2014). La palabra, la poesía y el arte en general serán de gran ayuda en esa tarea o, quizá, su tabla de salvación.
Precisamente la poesía de El hombre elefante y otros poemas nos muestra que el verdadero héroe es la imaginación poética. Nos muestra cómo nace en un niño, cómo se debilita y está a punto de perderse y cómo, por obra de la contemplación y acción poéticas sobre la sociedad humana, el poeta maduro la restaura.Es un poemario animado por un doble movimiento: el tránsito hacia la madurez es también un regreso a la infancia. La restauración del saber inocente y de la indefensión de la criatura humana. «En conclusión: lectores, oyentes y televidentes de esta posmoderna cultura soft del mundo unidos, seamos pues como el niño», hace el llamado Ildefonso en el artículo mencionado.
De modo que la poesía constituye una vía privilegiada para tomar conciencia de esa dignidad que todos sentimos pero que, sin la poesía, raramente logramos aprehender. Citemos en extenso las palabras del poeta en una de sus aproximaciones a la inasible[15] definición de poesía:
«La poesía —sigamos jugando con sus libres definiciones—, por eso mismo, linda con la marginalidad, con los pasajes oscuros de la historia oficial, y por eso es peligrosa, sospechosa, estigmatizada. Escribir un poema es un acto de rebeldía en sí, es conquistar el futuro en ese acto, porque la palabra anuncia a un futuro lector o, mejor dicho, lo crea; crea a ese otro que se verá luego impulsado a tomar conciencia de su insularidad, a dudar de lo que siempre ha creído, a querer ser libre. La poesía es una declaración de guerra a la corrupción del espíritu y del cuerpo»[16].
El hombre elefante y otros poemas nos muestra las diversas máscaras que asume el poeta como reflejo del arquetipo que lo trasciende. En entrevista con Pedro Escribano, Ildefonso afirma: «Yo me siento de verdad como un monstruo en el sentido que me he vuelto más solitario, por eso creo en los monstruos de mi libro», y más adelante enfatiza: «Sí, yo creo que dentro, inclusive, dentro de la literatura misma o de las letras, el poeta es el monstruo de la literatura» (las cursivas son nuestras).
El ser humano se ha quedado solo en la ciudad inmensa y su soledad es la de millones como él. El sujeto poético de la poesía ildefonsiana es como el monstruo, un solitario inmerso en la muchedumbre, o mejor dicho, una muchedumbre de solitariosÉl es uno entre tantos y, a la vez, es un ser único. Una multitud inmersa no en un pasado o en un futuro, sino en un presente, el ahora que ha sido siempre el tiempo de los poetas y los amantes, de los epicúreos y da algunos místicos. El poeta es consciente de que el instante es el tiempo del placer, pero también lo es de la muerte, el tiempo de los sentidos y el de la revelación del más allá. El presente es el fruto en el que la vida y la muerte, hontanares que jamás cesan, se funden.
Inclusive el libro mismo, la creación, la obra, se constituye como un símbolo mismo del monstruo, de la criatura (creatura, en tanto creación). El hombre elefante y otros poemases unaobraformada, hecha, de fragmentos-poemas, de pedazos, donde cada uno de ellos, estricto sensu, no tienecompleta existencia autónoma en tanto parte de un todo, pero cada uno existe como parte.Los problemas de la creación —los problemas del creador y los problemas de la criatura, la obra en sí— pueden y deben verse también como los desafíosdel trabajo artístico. En esa dirección entendemoslo que responde Ildefonso a Enrique Planas:«Al poeta le corresponde indagar en esta monstruosidad para hacerla más racional, como sugería Goya»[17], porque añade: «Para mí, lo monstruoso tiene que ver con el afán depredatorio, animal, que hoy nos caracteriza. Está en la política y en la economía».
El poeta, como el monstruomismo, a pesar de su sufrimiento—o quizá por ello mismo—, no quiere dejar de ser, no quiere morir. Aunque la vida solo sea una acumulación de angustias, le es preciosa. Es un don que el poeta como creador comparte con la divinidad. Su labor se enlaza con un mito muy anterior: el de Adán, el buscador de conocimiento, quien, al igual que Prometeo, se atreve a emprender lo que Dios prohibió.
El anhelode creación del poeta es un eco del intento legendario del ser humano por crear vida, y arrojar luz sobre la oscuridad (como hizo Prometeo al robar el fuego a los dioses) es sin duda una de las definiciones dela creación y del arte propiamente dichos. En ambos, «la vida» es creada a partir de fragmentos, de piezas montadas, unidas con la esperanza de que el resultado de alguna manera tenga vida, se mueva, ande.
Una vez más el poeta se transforma en una figura que participa del heroísmo altruista de Prometeo, la osadía del vuelo luciferino de Ícaro y el amor a la libertad y esperanza. Subversión e ironía, caída y melancolía. Pero también esperanza de redención.
El monstruo de El hombre elefante y otros poemasno es ni un horror de confección ni un Lázaro: es, si se quiere, una Gestalt[18] imposible cuyo nacimiento vamos a presenciar en el acto renovado de la lectura. En la estirpe de la criatura innominada forjada por Viktor Frankenstein fruto del genio creador deMary Shelley[19],El hombre elefante y otros poemases una entidad formada de pedazos y articulaciones que de alguna manera, en contra de lo que podía esperarse, puede moverse, tiene vida.
Bajo el doble principio de la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad, esta entidad hechiza vive. La creación poética es vida. «Sí, si no es un aparato verbal, tema para estudios lingüísticos nada más»,le dice Ildefonso a Pedro Escribano y, añade en profesión de fe el poeta, «Tiene que conmover, tiene que estar ahí el hombre elefante. El hombre no debe perder el habla. Qué es el lenguaje solo... no es nada sin la voz humana».La poesía no es ajena a la vida. La asunción de la poesía es la asunción de la creación entera.
En nuestra vida cotidiana sabemos que para vivir hay que ser inconcluso, abiertos a lo que venga y, por excelencia, al próximo encuentro con nuestrosotros. La poesía de Miguel Ildefonso, fiel a su pensamiento, es también inconclusa, porque es una poesía abierta al mundo y a la creación de sus lectores. Nos vemos y nos hablamos y, a veces también, no vemos a los que nos acompañan y podemos, también, dejar de hablarnos los unos a los otros. Así somos los seres humanos: frágiles y llenos de imperfecciones. Por esa razón, la poesía y, en especial, la poesía de ildefonsiana, viene a llenar ese vacío y a completarnos como seres humanos.

III

El mundo de hoy suele caracterizarse como el de la quiebra de la visión del tiempo como sucesión lineal y progresiva orientada hacia un futuro cada vez mejor y la noción de cambio como forma privilegiada de la sucesión temporal. Ambas ideas se conjugaron en nuestra concepción de la historia como marcha hacia el progreso. El tiempo fuera del tiempo fue desalojado por el culto al progreso.
Hoy el futuro ha dejado de ser y se desvanece la noción del tiempo que la sustentaba y que lo justificaba. Se vive en un presente continuo en el que la poesía que es movimiento en su esencia, al parecer, no tiene lugar. Un periodo a-poético. Sin embargo, no lo creemos. Es indudable que algo le falta a la poesía yla creación artística contemporáneas. Algo que la re-vitalice. Ese algo es la sílaba No, una sílaba que ha sido siempre anuncio de grandes afirmaciones. Pero la poesía y el arte requieren de un tiempo especial. En la misma entrevista con Enrique Planas, dice Ildefonso:
La poesía requiere más atención para su lectura, para procesar su lenguaje y lo que puede decir de la realidad. Creo que nuestra realidad es más compleja e incierta que antes para moldearla en poesía. Y es un trabajo que se está haciendo lentamente.
La poesía es, como dice Octavio Paz, la otra voz. Voz a la que debemos estar atentos. Su voz es otra porque es la voz de las pasiones y las visiones; es de otro mundo y es de este mundo, es antigua y es de hoy mismo, una antigüedad sin fechas, una temporalidad sin tiempo. Como las imágenes de los monstruos que pueblan nuestra historia y las páginas de El hombre elefante y otros poemas.
Leer cualquier poema de El hombre elefante y otros poemastiene un efecto inmediato, como un principio activo de lucidez y ensoñación simultáneas. Sus poemas son tan subversivos y su dicción,sus éxtasis de bellezas pasajeras, de ruido urbano, devitalismo desbordante e irreverenteatravesado por el exteriorismo callejeroes de una radicalidad que todavía estremece, aun después de leídos.
Qué es el amor
sino una oscura esperanza
y viajar en este transporte celestial
me da cierta desolación
como los rostros que sentados
como yo miran a los rostros allá afuera
que entran y salen de las tiendas
manos que desean agarrarse
porque todo se mueve
el ruido el cosmos el corazón
y yo no quiero caer en la tristeza
como tantas veces
me apuro a acogerme al verde del grass
que a lo largo de la cervecería
pone algo de certeza a la poesía
esegrass que cubre a los amigos muertos
poetas con quienes me embriagué en esta ciudad
que ahora pretende otra vez expulsarme
o quizás no sea solo el grass
sino el libro de Bukowski
traducido por Hanz Polilla
¿dónde estará Hanz?
porque al final viene un texto
de Ricardo K.
también lo conocí
y bebíamos varias botellas
y se quiso morir como Luchito Hernández
y lo logró
la muerte se posesiona en este viaje a Los Ángeles
es como el bajón del amor
una responsabilidad con Dios
sentir su poder
y no dejar de pensar en Carlos
en Juan en José en Elí
en Rodolfo en todos
en la forma en que se ama cuando se muere
en la forma en que se vive
cuando no hay forma de entender la muerte
las ruinas de Puruchuco aquí
los niños hechos del barro viejo
que se quedó mudo
las ruinas crecerán y los niños crecerán
y en cada lápida escribiré mi nombre
para no olvidar que fui niño
que soy barro
que siento el brazo de la muchacha
sentada a mi lado
y que el libro que leía se quedará
en Los Ángeles
porque es de noche en los ojos de los perros
las luces de los hostales
ya están encendidas: habitaciones de 15-20-25
solo el amor trabaja
porque es 1 de mayo
veo el foco rojo en un segundo piso
es el amor
pienso otra vez en el amor
pero llego a Los Ángeles
y tengo que bajar
piso firme
hace un poco de frío
me saco una legaña
nace Dios
(bus camino a los ángeles / ate, pág. 85)
En el balance vital de las tribulaciones cotidianasque nos ofrecen las composiciones deEl hombre elefante y otros poemaslo fundamental es que Miguel Ildefonso, desde sus propias vivencias y sus propias soluciones expresivas (exploración sintáctica y léxica, imágenes intransferibles), «recoge» el legado fundamental de la tradiciónpoética no solo peruana y labra un mundo creador,que le pertenece y nos pertenece (por medio de la lectura),  lleno de una profunda esperanza a través de personajes que por obra de la palabra a través de la lectura sufren conjuntamente con el lector (la correlación yo-)una metamorfosis que perdura enun proceso de humanización en el que desaparece gradualmente ante nuestros ojos su naturaleza monstruosa para revelar su naturaleza esencialmente humana y viceversa.
La aceptación de este proceso de transmutación mutuo nos permite reconocer al monstruo en elser humanoy al ser humano en el monstruo.Ellos y nosotros, nosotros y ellos. El yo poético dice en el poema que cierra el poemario «todos vivimos un mundo diferente / todos somos un mundo diferente».  De este modo, gracias al descenso a los abismos donde habitan losmonstruos se da el encuentro con el ser humano en su totalidad. El hombre elefante y otros poemasse inserta en uno de los mayores universos creadores, uno de los más admirables de la poesía peruana actual cuando se trata de entregar poesía perdurable y decantada con rigor, una honda y franca necesidad expresiva ajena a los falsos rituales,al margen del mercado y de la figuración literaria.

Envío

La aventura humana —sus locuras, pasiones, iluminaciones y raptos— prosigue de modo intenso en los poemas de El hombre elefante y otros poemas, pero sus interlocutores han cambiado. La vetustanaturaleza ha desaparecido, en su lugar está la ciudad abstracta y entre sus calles con sus viejos monumentos, la terrible y monstruosa novedad de las máquinas, la tecnología y el ser humano. Cambio de realidad, cambio de mitologías.
Las imágenes de monstruos de las composiciones de El hombre elefante y otros poemasconvocan una riqueza metafórica de la imagen del Monstruo más vasta. Abarcan, en pleno siglo XXI, una sociedad tecnocrática de implantes corporales y milagros genéticos, igual que sus precursoras, las fábricas satánicas y las leyes de Malthus, pero también reflejan la tierra de nadie más allá de las fronteras de la sociedad, un territorio para el cual no tenemos un vocabulario y cuya geografía apenas y reconocemos, a veces, solo a veces, en los sueños, en la literatura y el arte.
Cedamos la palabra al poeta:
La poesía es otro mundo / es posible allí dejar de escribir / tan solo una palabra bastaría para salirse de ese otro mundo / es por eso que salgo todas las mañanas / camino a mi bar favorito / pido una botella de cerveza / leo el periódico y espero que un ángel me conduzca a la morada de su dios / bastaría la voluntad para cambiar de hábito / pero la poesía es otro mundo donde solo se mueve una mano para mover ciudades enteras / guerras / parques / equipos de fútbol / todos vivimos un mundo diferente / todos somos un mundo diferente / este es el mensaje subyacente / ahora tomémonos de las manos / seamos niños / seamos animales
(epílogo, pág. 121)

Independencia, julio de 2016
Referencias
Solo consignamos los títulos de libros que nos han sido de mayor utilidad para la elaboración del contenido y/o que abordan los temas señalados en esta aproximación a la obraEl hombre elefante y otros poemas.
CHUECA, Luis Fernando. Palabras de presentación a El hombre elefante y otros poemasleídas en el marco de las actividades de la 21° edición de la Feria Internacional del Libro de Lima, realizada el jueves 21 de julio de 2016. Dicho evento contó con la participación del autor del libro y deGimenaVartu.

DENEGRI, Marco Aurelio. «Introducción a la teratología». Articulo disponible en la siguiente dirección electrónica:

ECO, Umberto(2012). Construir al enemigo. Traducción Helena Lozano Miralles. Madrid. Lumen
(2007). Historia de la fealdad.Traducción de María Pons Irazazabal. Italia. Lumen.
(1965) Obra abierta. Traducción de Roser Berdagué.Barcelona. Seix Barral.

ILDEFONSO, Miguel(2016).El hombre elefante y otros poemas. Lima, Fondo editorial de la Asociación Peruano Japonesa. Poemario ganador del IX Concurso Nacional de Poesía, premio «José Watanabe Varas». Incluye, el discurso de premiación del autor.
«Variaciones de Karina Valcárcel». Comentario al poemario bifronte Variaciones/Otros te(a)mores publicado por Paracaídas editores en 2012.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:
«¿Y si el rey está desnudo?». Columna de opinión publicada en el diario limeño La Primera, el 25 de mayo de 2014.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:
Lectura del poema noviembre del libroEl hombre elefante y otros poemas:
MANGUEL, Alberto (2011). La novia de Frankenstein. Villatuerta, Navarra, España. Gedisa.
(2004). Diario de lecturas. Traducción de José Luis López Muñoz. Edición acompañada de fotos de Ana Obiols. Madrid. Alianza editorial.

MIYAGI, Alessandra. (2016) «La vida exagerada de Victor Frankenstein». En: El Dominical suplemento del diario El Comercio. 24 de enero.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:
PAZ, Octavio.La otra voz. Poesía y fin de siglo (1990). España. Seix Barral/Biblioteca Breve.

TODOROV, Tzvetan. (2012) «Barbaros o civilizados». Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.Tribuna publicada en el diario El País, el 19 de junio.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:
(2008) El miedo a los bárbaros. Traducción de Noemí Sobregués.Barcelona. Galaxia Gutenberg.
YERUSHALMI, Yosef Hayim. (1998) «Usos del olvido».  En:Yerushalmi, Y.; Loraux, N.; Mommsen, H.; Milner, J. C. y Vattimo, G. Usos del Olvido. Buenos Aires, Nueva Visión. , pp. 13-26.

Entrevistas y reportajes a       Miguel Ildefonso
ESCRIBANO, Pedro. «El poeta es el monstruo de la literatura». Entrevista publicada en el diario La República. Viernes, 15 de diciembre de 2015.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:

http://larepublica.pe/impresa/ocio-y-cultura/726336-el-poeta-es-el-monstruo-de-la-literatura

PALACIOS YABAR, Mijail. «En el ambiente poético hay más afán de figurar». Entrevista publicada en el diario limeño Perú 21. Miércoles, 13 de enero de 2016.
Disponible en la siguiente dirección electrónica:
PLANAS, Enrique. La criatura que nos habita. Entrevista publicada en el diario El Comercio. Sección Cultura, pág. 4. Sábado, 16 de enero de 2016.




[1]La palabra monstruo viene de moneo advertir, o monstro, mostrar. Luis Fernando Chueca, en la presentación del libro trazó de modo agudo una cartografía con los modos cómo se desarrolla esta idea en las diversas encarnaciones de los monstruos que desfilan por las páginas de El hombre elefante y otros poemas. Por nuestra parte, en aquella ocasión buscamos complementar esa lectura con la aproximación a la figura del monstruo como símbolo mismo del poeta, la creación artística y del ser humano, apoyándonos en las luminosas lecturas de Octavio Paz, Alberto Manguel,Umberto Eco y TzvetanTodorov.
[2] El polígrafo Marco Aurelio Denegri ha escrito: «En latín, monstrum significa prodigio, maravilla, rareza, cosa singular, portento, fenómeno, cosa admirable, sorprendente y pasmosa. Monstra narrare es referir cosas prodigiosas; y monstradícere, decir cosas increíbles.
»Monstrum significa también, y ésta es la acepción secundaria, calamidad, desgracia, azote, plaga, cosa funesta, crimen. Cuando Quintiliano dice que se han cometido crímenes contra el Estado, usa el término monstra, esto es, monstruos, para referirse a esos crímenes» y termina Denegri: «Pero la significación primaria de monstrum, en latín, y que nuestro idioma conserva, es la de prodigio y maravilla».
[3]En el folclore europeo, desde el cíclope Polifemo de la Odiseapasando por el gigante en los relatos de los hermanos Grimm hasta llegar a la criatura de Frankenstein, el mito del monstruo despliega su horrible sombra sobre enormes bibliotecas de la literatura y el cine occidentales, hasta tal punto que el Dr. Moreau de H. G. Wells y el infortunado científico de La mosca, el Hombre de lata de El mago de Oz y los humanos artificiales, los replicantes, de BladeRunner(basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), el señor Hyde (contraparte monstruosa del doctor Jekyll) de la obra de Robert Louis Stevenson,el hombre soñado de «Las ruinas circulares» de Jorge Luis Borges, el hombre elefante de la película de David Lynch inspirado en la vida del propio Joseph Merrick, el Andrew de El hombre bicentenario (basado en el cuento homónimo de Isaac Asimov) y el horripilante e interminable Terminatorde James Cameron encarnado porArnold Schwarzenegger, comparten el mismo vasto reino mítico.
Al lado de estos monstruos,también conviven las imágenes de criaturas menos escabrosas como la del muñeco de madera de Carlo Collodi, Pinocho (con su correlato cibernético en el David de A. I.Inteligencia artificial de Steven Spielbergbasada en el relato de ciencia ficción Los superjuguetes duran todo el verano de Brian Aldiss) o los adorables seresque pueblan la imaginación de las páginas de Maurice Sendak, David McKee y Tim Burton.
[4]Empleamos poética en el sentido que le otorga Umberto Eco: «el programa operativo que una y otra vez se propone el artista, el proyecto de obra a hacer, tal como el artista explícita o implícitamente lo entiende» (1965, pág.345), es decir, poética (en singular y minúscula) alude a la concepción particular de lo poético o literario, vigente para un grupo de obras dentro de ciertas coordenadas geográficas e históricas.
[5] Las alusiones a la esperanza están al servicio de un mensaje humano y humanizador, profundizando una conversión en términos humanos de lo monstruoso. En la mitología griega Elpide o su nombre más común Elpis, la divinidad griega de la Esperanza (recordemos que fue la única que quedó en la caja de Pandora) nos permite leer en castellano él pide (la Esperanza como lo que se espera se nos ), una espera que no es esperar de modo pasivo, sino que conlleva forjar activamente razones de esperanza, en nuestro caminar, y dar cuenta de ello con un compromiso activo como seres humanos con nosotros y los otros más allá de las apariencias.
[6] Joseph Merrick(Leicester,1862-Londres,1890), referente real de la obra,ha inspirado los libros El hombre elefante y otras reminiscencias (1923) de Frederick Treves y El hombre elefante. Un estudio de la dignidad humana (1971) de Ashley Montaguy la pieza dramática El hombre elefante (1977) de Bernard Pomerance. En 1980David Lynch llevó su historia al cine en El hombre elefante donde es interpretado por John Hurt que da vida a John Merrick.Su cultivada sensibilidad se plasmó en los versos: Es cierto que mi forma es muy extraña,/pero culparme por ello es culpar a Dios;/si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo/procuraría no fallar en complacerte.
[7] Alberto Manguel: «[Graham Greene] Sobre el Otro, en El poder y la gloria: “Al mirar con detenimiento a un hombre o una mujer, siempre sellegaba a sentir piedad; ésa era una cualidad que la imagen de Dios traía consigo. Cuando se veían las patas de gallo, la forma de la boca, el modo de crecer el pelo, era imposible odiar. El odio no era más que el fracaso de la imaginación”» [Las cursivas son nuestras].
[8]En la entrevista que realiza al autor, Pedro Escribano parece aludir a la presencia de una poética del horror en El hombre elefante y otros poemasque sería correspondiente a «estos tiempos feos». Por nuestra parte, consideramos que lo que se despliega en este poemario es una poética dela esperanza humana actuante ya en el primer libro de 1999. Como ya hemos afirmado en otras ocasiones, no debemos olvidar que Miguel Ildefonso es un creador que muestra una evolución ideológica y estética considerable que se nos ha ido revelando gradualmente como parte de un todo del cual solo tenemos unos avances. Seguimos ante un work in progressen continua reelaboración. Precisamente el autor declara a Enrique Planas: «con este libro [El hombre elefante y otros poemas] estoy explicándome mi existencia.Hay muchas señales biográficasen él. Es un proyecto que quierocontinuar».

[9] Lo que los seres humanos tienen de más que los animales es la capacidad de abstracción, la imaginación disociada de la realidad, las elaboraciones mentales sin base en la experiencia práctica; saben representarse las representaciones de los otros y manipularlas. Y por eso se convierten ellos también, como lo señalan voces como las del propio Todorov, Umberto Eco, Naomi Klein y Noam Chomsky, en un peligro para la sobrevivencia de la humanidad.
[10] El primer lector y el primer crítico de una obra es su propio autor en su proceso de creación.
[11]Persona, del griego πρόσωπον prósōpon, que origina el latínpersōna, etimológicamente alude a la máscara de actor.
[12]Yosef HayimYerushalmi: «haré una distinción provisional entre la memoria (mnemne) y la reminiscencia (anamnesis). Llamaré memoria a aquello que permanece esencialmente ininterrumpido, continuo. La anamnesis designará la reminiscencia de lo que se olvidó».
[13] En griego practicar la anamnesis, la rememoración. Los seres humanos deben dejar de olvidar. Por eso el papel del poeta fue y es motivo de sospecha. Su labor está vinculada a laverdad.
[14] Traigamos a colación el hecho de que el poemario está dedicado a otro gran poeta: José Pancorvo, profeta en el cielo, para señalar la ostensible complementariedad de esta aproximación poética con la del profeta terrenal que es Ildefonso. Si Pancorvo elaboró una poética esperanzadora fruto privilegiado de la fusión entre lo místico, lo religioso y apocalíptico, Ildefonso lo hace a partir de una inmersión, un descenso abisal a la experiencia terrena, en una especie de divina comediaa la vez que comedia humana, humanísima.
[15]Intento que reconoce antecedentes en la imagen de Febo Apolo, dios de la poesía y de las Musas, persiguiendo inútilmente a la ninfa Dafne —la belleza inalcanzable.
[16]Miguel Ildefonso al comentar el poemario Variaciones de Karina Valcárcel.
[17] El autor alude al grabado «El sueño de la razón produce monstruos», el número cuarenta y tres de la serie Caprichos de Francisco de Goya.
[18]Gestalt, significa figura en alemán, idioma en el que el verbo gestalten significa «diseñar» (en el sentido de «dar forma»).
[19]Alberto Manguel dice: «El Monstruo de Frankenstein es el paradigma de este exceso: no sólo son enormes sus partes corporales sino que él mismo es un resultado exagerado de los poderes creativos humanos, fruto de una imaginación que traspasa violentamente sus fronteras. Los antropólogos y los historiadores han señalado con frecuencia las similitudes entre la imagen que construimos de nuestro propio cuerpo y la del cuerpo político».
Alessandra Miyagicomplementa esta ideamanifestando que «la trágica historia de la criatura es en realidad la historia de todos aquellos individuos o pueblos a los que alguna vez se les negó la condición de humanidad».